CONSULTA EXPERTA
Recibir un diagnóstico de cáncer puede alterar de manera profunda la rutina, los planes y la percepción del futuro. Para una persona acostumbrada a responder por su trabajo, sus hijos, su pareja y otras responsabilidades, detenerse o modificar el ritmo puede generar miedo, tristeza, enojo y una sensación de pérdida de control.
La psicóloga y consultora organizacional Yazuri Guido, CEO de Counseling & Consulting Psicología, considera fundamental permitir que esas emociones sean procesadas sin juzgarse ni asumir que es necesario mantener una actitud positiva todo el tiempo. Cada persona vive la enfermedad de manera diferente, de acuerdo con su diagnóstico, tratamiento, personalidad y red de apoyo.

Cambio de ritmo
APRENDER A DELEGAR
Uno de los conflictos frecuentes aparece cuando el paciente siente que disminuir el ritmo laboral o aceptar ayuda equivale a fallar. Sin embargo, durante el tratamiento las capacidades físicas y emocionales pueden cambiar de un día a otro. Reconocer esos límites permite administrar mejor la energía y concentrarse en la recuperación.
Guido recomienda revisar las responsabilidades y distinguir entre aquello que es indispensable, lo que puede aplazarse y lo que puede delegarse. Cuando las condiciones laborales lo permiten, también pueden considerarse horarios flexibles, trabajo remoto, reducción temporal de tareas o una reincorporación gradual.
“Necesitar apoyo durante una enfermedad no elimina la autonomía ni disminuye el valor de la persona. Delegar no significa abandonar las responsabilidades, sino reconocer que, durante un periodo determinado, será necesario cumplirlas de una forma diferente”, explica.
La familia también atraviesa el proceso. La pareja, los hijos y otros familiares cercanos pueden experimentar miedo, tristeza o incertidumbre y necesitar sus propios espacios de apoyo. Con los niños, recomienda hablar con honestidad, utilizando un lenguaje adecuado para su edad y aclarando que ellos no provocaron la enfermedad, que no es contagiosa y que habrá adultos encargados de cuidarlos.
UNA RUTINA POSIBLE
Reorganizar la vida durante el tratamiento no significa permitir que el cáncer defina completamente la identidad de una persona. Mantener algunos elementos de la cotidianidad puede ayudar a preservar aquello que le da sentido: compartir con los hijos, conversar con amigos, escuchar música, caminar cuando sea posible, escribir, realizar una actividad creativa o mantener algún vínculo con el trabajo sin interferir con la recuperación.
Una herramienta sencilla consiste en organizar las actividades según la energía disponible y establecer objetivos pequeños y realistas. La respiración consciente, los ejercicios de relajación, el registro de emociones y una planificación semanal flexible también pueden contribuir a manejar la incertidumbre.
Para Guido, el acompañamiento psicológico debe integrarse con mayor naturalidad a la atención oncológica. Cuando la angustia, la desesperanza, el aislamiento o los cambios de ánimo afectan significativamente la vida cotidiana, buscar apoyo especializado puede ser importante tanto para el paciente como para su familia.
“El propósito no es negar el miedo ni imponer una actitud positiva. Se trata de ayudar a la persona a recuperar cierto sentido de control, cuidar sus relaciones y recordar que está atravesando una enfermedad, pero continúa teniendo una historia, vínculos, capacidades y proyectos que van mucho más allá del diagnóstico”.