ENTRE SEÑALES INESPERADAS, DESAFÍOS ACADÉMICOS EN MEDIO DE UNA PANDEMIA Y PROFUNDAS ENSEÑANZAS FAMILIARES, EL DR. GUILLERMO CORRALES PÉREZ CULMINA SU FORMACIÓN COMO MEDICO CON UNA VISION ETICA, HUMANA Y COMPROMETIDA CON EL FUTURO.
La historia del Dr. Guillermo Corrales Pérez, recién graduado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá, es un testimonio en el que la vocación, la fe y la perseverancia se entrelazan desde muy temprano. Su decisión no surgió de manera lineal ni premeditada, sino a partir de una experiencia que marcó un antes y un después en su vida académica y personal.
Durante su último año de colegio, una pasantía en el Hospital Punta Pacífica (actualmente Pacífica Salud)—inicialmente pensada como un acercamiento a la ingeniería biomédica— terminó convirtiéndose en la señal definitiva que lo llevó a elegir la medicina como proyecto de vida.
“Al recibir mi carné de pasante ocurrió un ‘error’: decía estudiante de Medicina. Sentí que era la señal que esperaba y, al rotar con los médicos, confirmé que esa era mi vocación de vida, guiada por Dios”, recuerda el doctor.

REAFIRMACIÓN DEL LLAMADO
Como muchos estudiantes de Medicina, el recorrido no estuvo exento de dudas. En cuarto semestre, llegó a cuestionarse seriamente si debía continuar. La presión académica y la falta de satisfacción personal lo llevaron a pensar en abandonar la carrera. Sin embargo, el acompañamiento familiar fue determinante para sostenerse en el proceso.
“Mi madre me pidió que esperara hasta tercer año”, señala, una decisión que resultó clave. Con el paso de los semestres, materias como Fisiología y Farmacología despertaron nuevamente su interés y consolidaron su compromiso con la carrera. “Farmacología terminó de enamorarme de la medicina y confirmé mi decisión de graduarme”, afirma.

Evoto
FAMILIA, AMISTADES Y VALORES
El doctor destaca el papel fundamental de su entorno cercano. Sus amistades universitarias se convirtieron en un soporte emocional y disciplinario, mientras que las enseñanzas familiares marcaron su visión de vida. Una conversación con su tía abuela, quien le confesó que su mayor sueño era verlo graduado, se transformó en una motivación constante a lo largo de la carrera.
Igualmente profundo es el legado de su abuelo Valentín, ejemplo de esfuerzo y superación. “Mi abuelo, sin nada, salió a comerse el mundo; y yo, que lo tengo todo gracias a Dios, ¿qué excusa tengo para no hacer lo mismo?”, reflexiona.
Nacido en una familia campesina de diez hermanos en Veraguas, su abuelo creció en condiciones humildes y desde los cinco años pidió estudiar. Se trasladó a Santiago, donde trabajó a cambio de techo y una pequeña ayuda económica, durmiendo bajo una escalera. Ocupó el primer puesto de honor en primaria y secundaria. Aunque soñaba con ser médico, estudió Geografía en la Universidad de Panamá, realizó maestrías y se convirtió en catedrático. Participó en la Operación Soberanía de 1958, formó una familia de profesionales y dejó un legado de fe, esfuerzo y superación. En un poema que le dedicó, recordó su “sed de educarse” y su ejemplo silencioso, afirmando que su historia es brújula e impulso permanente para vivir con propósito y gratitud.
El cierre de esta historia no estaría completa sin reconocer el respaldo incondicional de sus padres, cuyo acompañamiento fue decisivo en cada etapa del camino. Su apoyo constante, su fe y su confianza sostuvieron los momentos de duda y celebraron cada logro alcanzado. Hoy, la graduación del Dr. Guillermo Corrales Pérez no solo representa una meta personal cumplida, sino también el reflejo de una familia unida que creyó, perseveró y caminó a su lado. A ellos, el agradecimiento profundo por haber sembrado disciplina, valores y amor, pilares fundamentales de la carrera médica que hoy comienza.
