Es una enfermedad del pensamiento que va menguando la mente, produce inacción e incompetencia y empeora si no se trata.

Hay una epidemia que cada vez toma más fuerza en nuestra sociedad, la excusitis, cuyos efectos hacen que nadie se haga responsable de nada.

Se manifiesta con agudos ataques de justificaciones frecuentes y razones por haber hecho o dejado de hacer algo, o para no hacerlo.

Muchos esgrimen su situación como pretexto para no esforzarse por salir adelante, postergando sus decisiones por diversos factores: flojera, miedo al cambio, inseguridad, dificultad para aceptar nuevos desafíos, falta de convencimiento o de compromiso o, simplemente, no desean hacer algo.

Las excusas tienen dos objetivos básicos: no asumir la responsabilidad ante la consecuencia de no haber logrado lo que queríamos hacer y reconfortar nuestro ego herido mediante una explicación, tratando de no vernos tan mal ante los demás y que piensen que somos unos incapaces.

Cuando se acostumbra a usar excusas como escudo, suelen decirse palabras como: no tengo tiempo, no puedo, el problema es que…, lo que paso fue que…, soy demasiado viejo, joven, gordo, pobre, tímido, no tengo capacidad, vivo lejos y otras miles por el estilo.

Cuando una persona padece de excusitis, permanentemente está a la defensiva, poniendo en riesgo su responsabilidad y saboteando su éxito personal. Por eso, las personas con logros mediocres están dispuestas a explicar porqué no tienen, por qué no hacen y por qué no pueden.

Por lo general, cuando se acude a un pretexto para evadir una responsabilidad, es porque algo anda mal en el interior, con la forma de pensar, con la percepción que se tiene de la vida y de las personas.

Algo no está bien en la mente, es el momento de hacer una autoevaluación y apelar a la autoconciencia, el primer paso para alcanzar la inteligencia emocional. Esta surte efecto cuando logramos los cambios necesarios para aprender a vivir mejor.

La manera más eficaz para tener una calidad de vida mejor y alcanzar las metas planteadas es ser responsable, o sea, prever, conocer y aceptar todas las consecuencias de nuestros actos sin acudir a las excusas. Hay que reconocer que quien da la cara ofrece la mejor versión de sí mismo, pues actúa sin miedo y sin mentiras.

QUÉ HACER
1- No mentirnos a nosotros mismos ni a los demás justificando nuestra mediocridad producto de tantas excusas.

2- Ser proactivos, enfrentando los problemas que se nos presenten independientemente del resultado. Lo mejor es que siempre se puede obtener un aprendizaje positivo de cuanto se nos presente.

3- Autorreflexionar cada vez que nos encontremos armando una excusa.

4- Para ser una persona responsable y confiable es necesario que cumplas todas tus tareas. Si fallas, acepta los errores con humildad e inténtalo de nuevo.

5- Pierde el miedo: tanto el éxito como el fracaso te ayudan a crecer personal y profesionalmente. Temerle a cualquiera de ellos te quita responsabilidad.

6- Arriésgate. Los seres humanos aprenden con el método de ensayo y error. Si no pruebas las cosas, no sabrás si funcionan.

7- No pierdas el tiempo culpando a los demás de tus acciones.

«Toma tus propias decisiones. Por más difícil que parezca, esta medida es clave para mejorar tu calidad de vida. No dejes que los demás elijan por ti ».


AZAEL PITTI
Presidente de Azael Pitti Training. Consultor y Conferencista.
az@recursoshumanosapt.com