Mucho se dice que la economía panameña está entre los primeros lugares de crecimiento en Latinoamérica. Sin embargo, pasar de un desempeño superior al 10%, hace ocho años, y hacerlo ahora poco más arriba del 5% ha traído un impacto en diversos sectores.

La última década fue sin lugar a dudas una época de bonanza económica para la inversión, propiciada por proyectos como la ampliación del Canal de Panamá, la Línea 1 del Metro y grandes obras de infraestructura. Estos hitos trajeron consigo un aumento en el empleo y su respectivo impacto positivo en el consumo. La historia se repite, tal como el efecto pasajero que tuvo la fiebre del oro en California sobre el istmo, asimismo, una vez que terminaron estos proyectos, la economía se redujo considerablemente.

Datos del Banco Mundial indican que el crecimiento medio anual en Panamá fue del 7.2%, entre 2001 y 2013, más del doble del promedio de la región. Pero en el 2014 creció un 6.1%, y bajó a un 4.9% en 2016. Para 2017 hubo un ligero repunte a 5.5%. De manera que para este año y el 2019, el pronóstico continúa al alza con un 5.6%, el más alto de Latinoamérica.

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Estas cifras parecen algo alentadoras si se compara con el resto de los países de la región; sin embargo, hay un fenómeno que se conoce como “crecimiento potencial de la economía”, que es la tasa de crecimiento máxima que un país puede alcanzar, es decir: no cuánto crece, sino hasta dónde podría hacerlo. Manuel Ferreira, Director de Asuntos Económicos de la Cámara de Comercio Industrias y Agricultura de Panamá (CCIAP), explicó que lo óptimo sería estar por encima del 6.5%. “Cuando empezamos a crecer por menos de eso, se da el desempleo, con su respectivo efecto en los financiamientos, en la adquisición de vivienda o automóvil y además el alto nivel de endeudamiento hace mayor presión sobre el consumo”.

Efectivamente, el país continúa a buen ritmo, impulsado sobre todo por sectores vinculados al comercio internacional como el Canal, logística, los puertos y aeropuertos, pero los que están vinculados al comercio
interno están deprimidos.

Ferreira destacó que, en cuanto a los ingresos, prevalecen los niveles de desigualdad, en donde el acceso a la vivienda, infraestructura pública y servicio difieren significativamente entre las regiones, lo que contribuye a las discrepancias en el bienestar de la población en todo el país.

 

CONSECUENCIA DIRECTA

El efecto de esta baja en el crecimiento económico se siente en el desempleo y éste a su vez en la pobreza. El Banco Mundial reconoce los avances que nuestro país está haciendo para su combate, aunque aún hay agudas disparidades regionales, especialmente en las áreas indígenas, en donde los niveles superan el 70% y la pobreza extrema el 40%, sin acceso a servicios tan básicos como el agua. Con miras a tener información más precisa en este sentido, en una iniciativa interinstitucional, el año pasado se elaboró el primer Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) en Panamá, que va más allá de lo que comúnmente se hacía que era medir el nivel de ingresos únicamente. 

Ahora se toma en cuenta de modo integral las múltiples privaciones y carencias que experimentan, simultáneamente, los individuos y hogares en varias dimensiones del bienestar, distintas al ingreso, tales como: salud, educación, trabajo, medio ambiente, nivel de vida, entre otros. 

Países como Colombia, Costa Rica, Chile y México, ya habían adoptado esta herramienta elaborada por la Universidad de Oxford, y presentado a partir del 2010 por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en su Informe Mundial de Desarrollo Humano, con la finalidad de medir las diversas privaciones, más allá del ingreso, que hacen que un hogar viva en condiciones de pobreza.

ESPECIALES  | UN SOLO PAÍS, DOS REALIDADESEl Canal de Panamá impulsa la economía del país, así como a sectores vinculados al comercio internacional.

RESULTADOS

La primera medición para el año 2017 arrojó que en Panamá, dos de cada 10 personas viven en hogares multidimensionalmente pobres, con un porcentaje de personas en esta condición de 19.1%, lo que representó en términos absolutos 777,752 personas. En cuanto a hogares, se encontraron en condición de pobreza multidimensional el 12.2%, lo equivale a 138,410 hogares.

Al desagregar la información por regiones, los resultados revelan una vez más la realidad de las áreas indígenas. Es allí donde se presentaron los mayores índices de personas pobres multidimensionales con una incidencia en la Comarca Ngäbe Buglé (93.4%), Comarca Guna Yala (91.4%) y Comarca Emberá (70.8%). El promedio de estos tres valores supera en 4.5 veces el valor del promedio nacional, evidenciando la disparidad existente y ampliamente conocida. El IPM está compuesto por 17 indicadores o privaciones repartidos en 5 dimensiones: educación; vivienda, servicios básicos y sin acceso a Internet; ambiente, entorno y saneamiento; trabajo y salud. Como referencia, un hogar se considera que es pobre multidimensionalmente hablando si está privado en cinco o más indicadores. 

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La falta de una buena educación es uno de los principales indicadores del índice

 

REALIDAD

Tomando en cuenta las cinco dimensiones que componen el IPM, la educación es la que en mayor medida contribuye (23.9%) a la pobreza multidimensional en Panamá. 

En este renglón, lo que prevaleció fueron hogares en donde al menos una persona no alcanzó un nivel educativo mínimo determinado de acuerdo a su edad; niños entre 6 y 17 años de edad, que asisten a la escuela, pero que indicaron haber repetido una o más veces un año escolar y la inasistencia de los niños a la escuela.

Otra dimensión que marcó con fuerza fue el trabajo. Según el índice, la persistencia de tasas de pobreza relativamente altas, en algunas provincias y comarcas indígenas, están vinculadas a la carencia de empleos pero también a la existencia de muchos puestos de trabajo que generan ingresos laborales inferiores al mínimo legal. En otros casos, personas que se dedican a actividades como la agricultura de subsistencia, o en ocupaciones por cuenta propia o de carácter informal o como trabajadores familiares sin paga.

Las siguientes carencias de la población estuvieron en las áreas de vivienda, condiciones inadecuadas de saneamiento y el acceso a los servicios de salud. Y si se hace una segmentación geográfica, se concluye que en el área urbana 258,535 personas viven en pobreza multidimensional, mientras que en la rural, son 519,217 personas.

Estas cifras muestran que este fenómeno se concentra mayormente en las áreas rurales del país, donde 4 de cada 10 personas son pobres, mientras que en las urbanas solamente 1 de cada 10 está en esta condición.

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ACCIONES

Para el economista Manuel Ferreira, este estudio nos da claras luces de las políticas públicas que hay que implementar. “Panamá necesita desbloquear nuevos impulsores para el crecimiento y superar la vulnerabilidad
para satisfacer las crecientes demandas de los ciudadanos. La informalidad continúa retrasando la calidad del trabajo. En el caso de los trabajadores no agrícolas, ésta alcanza cerca del 40%, una de las más altas entre los países de América Latina, con niveles similares de ingreso per cápita”.

Además de esto, destaca el hecho de que Panamá tiene debilidades significativas en el área de educación y habilidades que afectan directamente la productividad y la inclusión.

Y en materia fiscal recomienda que otros ingresos deberían desempeñar un papel más importante en la configuración de la distribución del ingreso en Panamá.

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