La ciencia de dar una opinión sin saber absolutamente nada del tema del cual se está opinando. Esta ciencia cada día tiene más especialistas en Panamá y su medio preferido son las redes sociales.

Estos opinólogos al entrar en el mundo virtual pierden su filtro y empiezan a buscar post o comentarios para meter su cuchara de manera ofensiva y sin miedo a repercusiones o conciencia de a quién le podrían hacer daño.

Creo que todos conocemos esta ciencia, convivimos con ella diariamente y a veces hasta somos víctimas de esta.

Realmente no sé que es lo que nos crea esta necesidad, siento que estamos aburridos. La pérdida de filtro es uno de los factores que más me asusta, se debe al hecho de estar detrás de un teclado y una pantalla lo que nos da ese cierto grado de confianza por eliminar algún grado de tensión que la misma conversación generaría en persona.

Es cada día más común ver una persona súper tranquila en la oficina o en algún lugar público y la ves tranquila concentrada en su celular, lo que no sabes es que se está desahogando en las redes con todo lo que encuentre.

Es un problema que está empeorando y es bien complicado de controlar, estaríamos atacando uno de los derechos más básicos de todo ser humano, el derecho de libre expresión. Como le dijeron a Spiderman: “con gran poder, viene una gran responsabilidad.”

Esto aplica aquí porque el tener derecho de libre expresión es un gran poder que debemos manejar con responsabilidad, porque lo que tenemos no nos debería dar derecho de opinar sobre lo que sea y peor aún, pensar que somos tenedores de la verdad sin saber de qué estamos hablando.

No me malinterpreten, creo que todos tenemos el derecho a opinar y a compartir nuestro punto de vista, pero creo que la “opinología” es demasiado, en su mayoría, negativa y a veces hasta tóxica por el impacto que genera.

El mejor ejemplo de esto, y que puede ser hasta un experimento social, es agarrar a un opinólogo y encontrarle a una persona a quien le ha comentado y llevársela a un encuentro cara a cara y ver si frente a la persona podría hablarle de la misma manera en que lo hacer en redes sociales.

Sería interesante ver que tanto el teclado ha desgastado nuestros modales, sentiría que ya estamos en el punto donde las redes sociales están empezando a deteriorar nuestras relaciones personales físicas por acostumbrarnos a hablar o comentar sin filtro y eso es bien peligroso.

La convivencia es fundamental entre nosotros los seres humanos y lamento decir que las redes sociales nos han desinhibido enormemente, al punto de que puedes encontrar en las redes sociales cuentas que son creadas anónimamente bajo cualquier nombre de usuario y son utilizadas simplemente para entrar en cualquier conversación o en cualquier post a despotricar sobre cualquier tema que este trending en ellas.

Y a mí personalmente lo que más me preocupa es la cantidad alarmante de nuevos usuarios que tienen por lo fácil que es adquirirlas y por lo accesible que es el internet estos días.

Nuevamente les recuerdo que estoy 100% de acuerdo con la libre expresión, lo que me mantiene despierto todos los días es que no hay filtro. El internet y las redes sociales no tienen moderador, y si lo tienen no importa porque cierras la cuenta y abres otra en 2 minutos.

A veces me quedo pensando… en nuestras manos tenemos un smartphone con accesibilidad a la mayor parte de la información mundial, solo tenemos que hacer un par de movimientos de dedos y dar un par de clics para encontrar literalmente lo que sea y aún así opinamos sin fundamentos o conocimiento de lo que sea que encontremos.

El internet debiera estar creando una de las sociedades más instruidas y cultas de la historia solo por el hecho de que ha creado la accesibilidad a la información.

En mi opinión, ha creado todo lo contrario. Cada día que paso en las redes viendo los comentarios y las reacciones de las personas a una foto, un pensamiento, y un simple comentario, me preocupo por lo que nos espera en los años por venir.

«Usemos el internet de manera positiva, el futuro de nuestra sociedad depende de esto».


CARLOS J. CHAMORRO
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