La mediocridad es una característica personal, una concesión que nos damos para hacer menos de lo que podemos.

La palabra «mediocre» deriva del latín mediocris y significa que “algo es de calidad media, tirando a mala”. Es como decir «medio-crees en ti», ya que eliges no hacer, no arriesgar, no descubrir, no intentar, no equivocarte ni emprender nada que te ayude a desarrollar tu máximo potencial porque dudas de tus capacidades.

El poco interés es una actitud, una elección vital; no es mala por ser un defecto, sino porque te permites lo mínimo aceptable. Por ello, terminas ocultando tus talentos y habilidades, dejas escapar muchas oportunidades.

John Mason, autor de muchos libros sobre motivación, dice que esta actitud está limitada por el compromiso, la indecisión, las ideas preconcebidas y obsoletas, y la falta de visión. Es indispensable que, no importa qué hagas, lo hagas excelente.

Aristóteles dijo: «Somos lo que hacemos una y otra vez». La excelencia, por tanto, no es un acto, sino un hábito. Cuando disciplinas tu mente, tu lengua, tus emociones y tu cuerpo y eliges caminar buscando la excelencia, esa actitud desaparece.

El psicólogo y médico José Ingenieros, en “El hombre mediocre”, nos habla de dos tipos de individuos: el incapaz de usar su imaginación para transformar y concebir ideas distintas a las que se acostumbra a hacer y el idealista, que abre su mente, dispuesto a lo nuevo y en permanente transformación de sí mismo para proponer otros modos de pensar, de conocer y de hacer. ¿En cuál de estas categorías te encuentras tú?

Si quieres salir de la mediocridad, si anhelas hacer las cosas con excelencia y ser diligente para crecer cada día, rompe el molde y sal de la manada. No te estanques en lo fácil de la vida, vete más allá y haz que tus acciones presentes te lleven poco a poco al nivel que deseas alcanzar.

QUÉ HACER
1. Administra bien tu vida. No malgastes el tiempo.

2. Descubre tus fortalezas y enfócate en ellas. ¿En qué eres bueno?

3. Establece metas que te desafíen.

4. Pon manos a la obra. La fe sin acción no sirve para nada.

5. Acepta el miedo, él es un buen indicador de que estás ampliando tus horizontes y prueba de que lo estás haciendo bien.

6. Abandona tu zona de confort, el área de lo conocido, de las victorias predecibles, pues no te permite crecer ni aventurarte a nuevos horizontes.

7. Aprende a autodirigirte. Una persona de excelencia hace lo correcto, aun cuando nadie esté viéndola.

8. Evita frases como «al menos, lo intenté». Haz un compromiso en el que te prohíbas rendirte.

9. Supervisa tus hábitos y ellos cambiaran tus resultados. Revisa cuanto haces para determinar si tus acciones y hábitos están en sintonía con los resultados que pretendes alcanzar.

10. Crea una ruta para lograr tus objetivos. Recuerda soñar en grande y lograrlo con pequeñas acciones. Un pequeño paso cada día es más efectivo que una gran acción cada mes.

11. Corre riesgos. Una vida sin riesgo es aburrida y mediocre.

12. Cambia tu rutina diaria e incorpora por semana al menos dos actividades nuevas.

13. Aventúrate por el camino menos transitado. Quizás tenga más contratiempos y no veas resultados positivos inmediatos, pero, cuando lleguen, lograrás cosas increíbles.

14. Pregúntate qué te gustaría alcanzar en tu vida, cómo te sentirías si fueses capaz de conseguir eso que te has propuesto, qué sería de ti si aplicases un estándar de excelencia, y si tienes el coraje de hacerlo realidad.

15. Asegúrate de que tu mente nunca se jubile, mantente abierto y receptivo a nuevas ideas.

Dios no quiere que tú seas mediocre. Así que, deja atrás la flojera y la manera descuidada de vivir y dirígete a niveles superiores.

No te rindas, ni abandones, comprométete con la excelencia.

De seguro, Dios te recompensará mucho más allá de tus mayores sueños.

“La conformidad conduce a la mediocridad”.


AZAEL PITTI
PRESIDENTE DE AZAEL PITTI TRAINING. CONSULTOR Y CONFERENCISTA.
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