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CERVECEROS DE ACERO INOXIDABLE
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Desde lo que no sabías de esta delirante bebida artesanal hasta las mejores variedades, aquí un pequeño sorbo de manos de un especialista y miembro fundador de @buenaspintas en Panamá. Noel Sánchez de Obaldía.

Redacción: Noel Sánchez de Obaldía.

Para algunos escépticos y haters de ayer y hoy, la revolución que ha destapado la cerveza artesanal en los últimos años, será una modita pasajera más en la cual no amerita enredarse. Pero para quienes le hemos entregado a las pintas el corazón y el hígado desde edades ilegales, finalmente llegó el momento de darles el lugar que se merecían en la oferta gastronómica global.  Ya no se limita a ser esa bebida aguada con la que te enjuagas el paladar, que te empacha y te lleva a beber otros licores. Muy por el contrario, la cerveza artesanal (craft beer en inglés) cuenta con recetas cuyas características te sumergen en la experiencia, el ritmo y el deleite que cualquier otra bebida alcohólica respetada te puede ofrecer. Desde lagers ligeras y cristalinas, pasando por Sour Beers con cualidades de sidra y vino, hasta ales oscuras añejadas en barriles de Bourbon, hay cervezas artesanales para cualquier gusto y ocasión, lo que nos ha llevado a redefinir la forma de elaborarlas, apreciarlas y hasta venderlas.  Aparte, en una era en que los productos creativos, independientes, manuales y locales se valoran muchísimo por encima de la masificación industrial mega-corporativa, sin duda este tipo de cervezas se encuentran en su era dorada. Tanto así que los conglomerados cerveceros multinacionales se han visto obligados a comprar microcervecerías emblemáticas para salir del estancamiento en que se encuentran y tener participación en esta otra industria, más pequeña, innovadora y en constante crecimiento. ¿Cómo se dio esta evolución en el mundo cervecero? En los años 20 y 30 la industria de licores de Estados Unidos sufrió los estragos de La Prohibición.

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Eduardo Ortega. José Carlos Blanco. Noel Sánchez.

Al mejor estilo de la edad media, el gobierno obligó el cierre de operaciones de todo negocio relacionado a bebidas alcohólicas, incluyendo los miles de brewpubs y bodegas que representaban un gran aporte a la economía de aquel entonces y el sustento de muchas familias. Para sorpresa de nadie, esto generó un mercado clandestino de mafias muy poderosas y todos los males sociales que todo esto arrastra. Viendo el desastre ocasionado, el presidente Franklyn Roosevelt decide devolverle libertad a los empresarios y al consumidor y los licores vuelven a ser legales.  Es entonces cuando tres grandes grupos cerveceros -Coors, Miller y Budweiser- se adueñan del mercado con cervezas estilo Lager/Pilsner con aditivos, que son las que hasta hoy han llenado la mayoría de  coolers y freezers alrededor del mundo.  A mediados de los 60s, aburridos de dichas fórmulas impuestas por las grandes marcas a punta de publicidad y de los altos impuestos que las encarecían considerablemente, los Homebrewers, entusiastas que dominaban el viejo arte de cocinar cerveza en casa, deciden emular las recetas más representativas de las mecas cerveceras europeas  -Reino Unido, Bélgica y Alemania principalmente- y darles un fuerte toque local con ingredientes americanos. Luego de años experimentando a muy pequeña escala, en 1978 el presidente Jimmy Carter abre la posibilidad de comercializar la cerveza casera y es aquí donde estos emprendedores visionarios llevan este hobby a un nuevo nivel industrial y de negocio. Rigiéndose bajo auto-regulaciones que les permitieran competir de forma sana entre ellos y protegerse como gremio de cualquier artimaña de las mega-cervecerías, la principal condición para calificar como artesanal fue la de elaborar las cervezas bajo la famosa Ley de Pureza Alemana de 1516 que les permitía utilizar únicamente cuatro ingredientes: agua, malteado de cebada (y algunos otros cereales), lúpulos y levadura. Sin aditivos sustitutos para abaratar costos sacrificando calidad, se permitió enriquecerlas con ingredientes naturales en la etapa de fermentación pero más allá de eso, el único insumo extra, el más importante en todo el proceso, sería la creatividad del maestro cervecero para concebir cervezas siempre balanceadas e interesantes. El número de barriles producidos por estas cervecerías no debía superar cierta cantidad de hectolitros y por último, ningún representante de la industria cervecera masiva podía ser accionista mayoritario del negocio. De esta forma nació la micro-industria cervecera que hoy invade al mundo sin respetar fronteras, al punto de que algunos cerveceros británicos, belgas y hasta alemanes, han echado a un lado su tradición nacionalista y se han sumado al espíritu divertido, irreverente y solidario de esta movida, permitiéndose jugar con sus más clásicos estilos, concibiendo así pócimas bastante más osadas. GOURMET  | CERVECEROS DE ACERO INOXIDABLEOtra actividad común en este nicho, son las cervezas elaboradas entre colegas cerveceros, en cantidades limitadas, siempre con etiquetas muy vistosas confeccionadas por y para artistas de todo tipo: diseñadores de renombre, películas y series de culto, cómics y agrupaciones musicales de escenas underground. Por medio de estas colaboraciones reiteran que lo importante es concebir un producto que les guste a ellos principalmente y exponerlo a su público cautivo, en lugar de vivir obedeciendo la opinión de estudios mercadológicos masivos. De cualquier forma, no hay que pasarse de románticos tampoco ya que si bien existen cervecerías muy pequeñas y aguerridas que apenas logran abastecer un par de cuadras de su ciudad, otras cuentan con instalaciones gigantescas con la capacidad suficiente para llenar nuestros dos océanos con cervezas de las más cotizadas. Siendo Panamá uno de los países de mayor consumo de cerveza per-cápita en el mundo, nuestro mercado cervecero artesanal es cada vez más efervescente, madurándose bien en cada eslabón del negocio, algo que sin duda merece un brindis ya que antes, si hablábamos de cerveza, sólo podíamos decir “para gustos los colores”. Ahora podemos agregar sabores, aromas y texturas. Por las buenas pintas ¡Salud!