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BASILEA, PUNTO DE ENCUENTRO
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Cada día cientos de turistas invaden las aceras de esta ciudad suiza, fundada por los celtas en el siglo VI a.C., para apreciar la arquitectura románica en sus edificios y dejarse encantar por su proximidad con Francia, Alemania e Italia.

El río Rin sigue su curso y no tengo intensiones de competir contra su poderío. Este cause me ha brindado la oportunidad de conocer varias ciudades encantadoras, donde los cimientos de historia juguetean con la arquitectura modernista, sorprendiéndome la forma de vivir tan tradicional de las personas, en un mundo donde la tecnología se convierte en una vorágine insaciable.

Pierdo de vista la vía fluvial más utilizada de la Unión Europea, pero solo por unas horas, pues para llegar a Basilea, la ciudad suiza favorecida por su posición geográfica y que comparte fronteras con Francia y Alemania, la carretera es la ruta elegida. Caminos que nunca pensé en recorrer y que me invitan a explorarlos, pero la brújula apunta hacia una sola dirección… la esquina de los tres países.

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RITMO VERTIGINOSO

Basilea es el epicentro donde Francia, Alemania y Suiza convergen. Aquí las fronteras no existen y todos los ciudadanos conviven en armonía, a pesar de las diferencias lingüísticas y raciales.

Su proximidad con estos países la convierten en la tercera ciudad más poblada de Suiza y en el epicentro de grandes sedes, compañías e instituciones internacionales, que la mantienen como un gran lugar para vivir, estudiar o trabajar.

Uno de ellos es el Banco de Pagos Internacionales (BPI), organización internacional financiera propiedad de numerosos bancos centrales, el cual fue fundado en 1930.

En el plano educativo es la sede de la universidad creada por el Papa Pío II en 1459 y el lugar que escogió Erasmo de Rotterdam, humanista, filósofo y teólogo, para  impartir clases. Una distinción que atrae a miles de estudiantes en busca de completar sus carreras universitarias.

 Otros vienen a trabajar en la industria farmacéutica, pues grandes compañías tienen sus sedes en la ciudad o eligen alguna de las 500 compañías de la Federación de Relojería Suiza que están relacionadas con la manufactura de estas piezas.

Y si solo es un turista como yo, que quiere conocer y disfrutar de la esquina de los tres países o Basilea, como es conocida esta ciudad, las opciones son muchas. Puede visitar sus 40 museos, los monumentos históricos de arcilla rojiza, ir a un restaurante y por supuesto, cruzar el imponente río Rin en bote o sobre alguno de sus puentes.

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UNA RUTA POR DESCUBRIR

Una de las formas más sencillas de conocer Basilea es en tranvía. Varias son las líneas férreas que se abren paso entre las calles y avenidas, donde ocasionalmente circulan los autos. Resulta más fácil y accesible movilizarse en tren que en coche, aunque las bicicletas son muy utilizadas por los basilienses.

Ya  en Basilea no dude en visitar su catedral, cuyos muros son de arenisca roja, las torres son altas y delgadas y el estilo gótico predomina. Dentro de este recinto, los tesoros  son muchos, como por ejemplo: la cripta, el coro, la tumba de Erasmo de Rotterdam y los claustros. Frente a este recinto religioso está el Puente del Medio, que fue inaugurado en 1226. Otro lugar que sorprende es Marketplatz que durante los días de la semana es un gran mercado de productos. Y a un costado está el Ayuntamiento, una estructura de 500 años de antigüedad.

El Museo de Historia, de Arte Contemporáneo, de las Culturas o de la Música, deben recorrerlos y ni hablar de la Fuente de Tinguely, un espectáculo artesanal donde el acero se fusiona a la perfección con el agua.

A mi espalda dejo Basilea, pero tengo frente a mí la gran Puerta de Spalentor, una impresionante torre medieval que data del año 1400 y que nos hace comprender la belleza de esta ciudad suiza.DESTINOS  | BASILEA, PUNTO DE ENCUENTRO