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AZAEL PITTI

 

QUE ENCONTREMOS PLACER EN DONDE NOS DESEMPEÑEMOS O QUE ÉSTE NOS RESULTE UN ABURRIMIENTO, DEPENDE POR ENTERO DE LA ACTITUD MENTAL HACIA ÉL Y NO DE LA TAREA EN SÍ MISMA.

¿Cuántas personas pueden decir que realmente aman su trabajo? Al parecer, muy pocas. Sin embargo, la mayor parte de nuestra vida adulta transcurre en él: ¿por qué alguien pasa su existencia haciendo algo que le disgusta?

Las causas pueden ser necesidad, miedo, comodidad, sueldo o muchas razones más. Desafortunadamente, cada mañana algunos sufren la tortura de enfrentarse a una nueva jornada laboral desde que suena el despertador.«Cuando el trabajo es un placer, la vida es un disfrute. Cuando el trabajo es un deber, la vida es esclavizante”, expresa Máximo Gorky.

Si uno no ama lo que hace, obtiene un empleo, un salario y una vida mediocre. Y esto hará que difícilmente note cuáles son sus virtudes y habilidades y las explote para incorporarse a otros puestos.

El libro del Génesis, en el pasaje de apertura, dice que Dios es el primero en trabajar sobre la tierra, ocupado con la creación del mundo. Dice que Él trabajó seis días y descansó el séptimo. Cuando vio el fruto de su obra, lo llamó «muy bueno». Examinó y evaluó la calidad de su trabajo y, cuando determinó que era bueno, le complació el resultado.

Este ejemplo indica que nuestra labor debe ser productiva y bien hecha. Debe realizarse de manera que produzca los resultados de calidad más altos. Su recompensa es el honor y la satisfacción que provienen de un trabajo bien hecho, además de la remuneración.

Quien ama lo que hace se distingue sobremanera de las demás, brilla en su lugar, es digno de confianza, de respeto, de admiración por todos los que lo rodean, tanto sus subalternos como sus jefes. Los valores que obtienen son innumerables: disciplina, honradez, superación, tolerancia, respeto, eficacia y muchos más. Solamente es malo el trabajo cuando nos volvemos adictos a él y descuidamos nuestra familia, salud y bienestar.

El trabajo proporciona dos salarios: la remuneración y el aprendizaje. El primero paga nuestro rendimiento que suple nuestras necesidades básicas, aunque en ocasiones no estemos satisfechos por querer siempre más y, el segundo, el aprendizaje, es tan fundamental para nosotros como el deseo de sobrevivir y disfrutar. Con él desarrollamos cualidades y aptitudes, capacidades intelectuales, emocionales, creativas e intuitivas, fruto de nuestra experiencia, que hace crecer en nosotros la determinación, el valor, el compromiso, la empatía, la imaginación y un sinnúmero de habilidades que nos convierten en mejores seres humanos.

¿QUÉ HACER?

1- Esfuércese para aumentar sus conocimientos y mejorar sus habilidades. El mejor seguro contra el desempleo es hacerse lo más conocedor y valioso posible.

  1. Dé el kilómetro de más. Las personas exitosas saben lo que tienen que hacer para cumplir un trabajo, y van más allá. Trabaje siempre más del mínimo requerido.
  2. Enfóquese en la solución de problemas. Los obstáculos son necesarios porque permiten al individuo recapacitar, evaluar sus acciones y darse cuenta de qué resultados necesita para alcanzar el éxito.
  3. Mantenga un espíritu de colaboración. Cada quien pone su granito de arena y, si se trabaja en colaboración con los demás, las actividades resultarán más efectivas.

No estamos diciendo que debe permanecer en su trabajo a cualquier precio; por el contrario, si esto va en contra de su naturaleza o esencia, lo mejor sería cambiar. Sepa que es posible ser feliz en nuestro trabajo, sea cual fuere. Odiarlo no debería resultar una opción: si odiamos lo que hacemos, estamos yendo en contra de nuestros deseos. Cuanto se resista a fluir en nosotros impide ese fluir, y aquello que fluye naturalmente hace que ese fluir persista.

El secreto de disfrutar y amar el trabajo no está siempre en cambiar de puesto, sino de actitud. Si debes trabajar, lo mejor es disfrutarlo, lo que redundará en un desempeño de calidad. La única persona que puede ayudarte a desarrollarte profesionalmente eres tú.

«El trabajo más productivo es el que sale de las manos de un hombre contento».