Unidas por su amor al traje típico panameño, un grupo de panameñas se une para disfrutar del privilegio de ataviarse con uno de los vestidos típicos más premiados del mundo, y para impartir docencia en lo referente al tema.

“No me pidas que cambie mi vestuario por gasas ni por sedas. Ninguna panameña cambiaría por nada, su pollera”.

Este verso de la poetisa Ana Isabel Illueca, ilustra perfectamente el sentir de muchas panameñas y, en especial, el de un grupo de ellas, unidas por su amor al traje típico nacional, quienes forman parte del colectivo Enamoradas de la Pollera.ESPECIALES  | Especial Fiestas Patrias: Enamoradas de la Pollera

Esta fundación agrupa a más de 200 damas, que aunque provienen de distintos ámbitos, están vinculadas por su pasión hacia el traje típico; por aprender acerca de él e instruir en su uso correcto.

Su presidenta, María Teresa Maure, asegura que se apasionó por las polleras desde los cuatro años, cuando se incorporó a un ballet folklórico.

Su predilección no cambió, pero sí dejó de usarlo con regularidad, hasta que hace algunos años: “me invitaron a una actividad sobre polleras y ahí conocí a estas señoras, que también tienen la misma pasión por nuestro  traje nacional y empezamos a crear actividades. Nos fuimos dando cuenta de que más personas se animaban a compartir con nosotras”.

Asegura que Enamoradas de la Pollera organiza actividades regularmente, no solo para permitirse el gusto de lucir la pollera, sino para aprender. Lo mismo organizan un té social, que una conferencia con expertos en la materia.

Ella y las otras integrantes de la junta directiva del grupo son conscientes de que el traje típico debe evolucionar, pero opinan que debe ocurrir de forma progresiva, armónica y artesanal.

En esta red de entusiastas de la tradición “hay madres que quieren transmitir el amor por la pollera a sus hijas…”, asegura Maure, quien anhela poder dejar las suyas como herencia.

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Los tembleques y joyas, se usan cuidando la elegancia.

DATOS

La presidenta del colectivo asegura: «La pollera santeña lleva peinetón, dos pares de peinetas de balcón y la
pajuela. Si no se tiene la pajuela, también está bien».

Los tembleques, afirma, deben usarse con moderación y no es obligatorio usar todo el juego. «Uso solo los tembleques que requiere mi cabeza”, aclara.

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