Recientemente tuve la oportunidad de viajar a dos lugares, Paris y Londres, llenos de increíbles monumentos históricos.

Una de las primeras cosas que hice al llegar a París fue decirle a mi esposa que quería ver La Torre Eiffel.

Al llegar me atrevo a decir que había una persona tomándole fotos de cada ángulo posible, era realmente impresionante. Por si no sabías, la torre es uno de los monumentos más fotografiados en el mundo.

Al quedarme viendo a las personas encontré de todo, algunos repitiendo fotos clásicas, otros buscando ángulos diferentes, aquellos que simplemente se la toman para decir que tienen la suya y hasta personas en sesión de fotos de boda.

Claro, estando ahí, también saqué mi cámara y empecé a buscar mi foto ideal. Desde siempre la fotografía me ha interesado y considero que tengo en mi repertorio algunas muy buenas. Debo decir que esto mismo me sucedió en cada sitio turístico que visité durante mi tour por estas dos ciudades.

Obviamente en nuestra próxima parada comencé a prestarle más atención a los fotógrafos. Al ver todo esto me puse a pensar cómo el mundo de la fotografía ha cambiado a medida que la tecnología ha avanzado… es increíble.

EN RETROSPECTIVA

Hace unos 20 años, las cámaras de rollo aún predominaban el mercado y su uso era limitado, ya que para ver y revelar una foto era un proceso bastante tedioso.

Una vez las tenías, había que guardarlas en algún tipo de álbum para que no se perdieran o dañaran, pero aun así las fotos se iban descolorando y pegando al álbum (a las tapas plásticas que tenían).

Con la introducción de las cámaras digitales, todo ese proceso se ha facilitado y éstas se hicieron más populares. Recién salieron, los mayores problemas fueron el costo y el espacio disponible para almacenar las fotos.

Me atrevo a decir que, en una familia de cinco personas, aun había una cámara por familia como cuando teníamos de rollo. 

Lo que cambió es que uno tenía una recompensa inmediata, podías ver tu foto apenas la tomabas, lo que llevaba que toda la familia quisiera usarla.

Luego de las cámaras digitales nacieron los smartphone, los cuales vienen equipados con su propia cámara y es aquí donde la cosa explotó de verdad.

Hoy en día esa misma familia de cinco personas, lo más probable es que tengan seis cámaras, donde cinco de esas son celulares y la sexta es una cámara digital. Las personas, aún cuando la mayoría de los smartphone no son baratos, están dispuestas a invertir, ya que estos dispositivos son multiuso y hasta indispensables diría.

Creo que hoy no existe un smartphone con una cámara “mala”, ya que todas las compañías que los manufacturan han entrado en una especie de guerra, a ver quién hace la mejor cámara. Claro está que al desarrollarse este mercado del smartphone causa que, un 75% del mundo aproximadamente, tenga una cámara en la mano.

Luego de que ya 3/4 del mundo tienen una cámara, lo que realmente despertó el fotógrafo que hay dentro de todos fueron las redes sociales.

La búsqueda de followers, likes y comments es lo que nos lleva a los límites con tal de conseguir esa foto ideal y original.

En Facebook, por ejemplo, no nos esforzábamos tanto ya que su concepto es álbumes de fotos más que todo, pero en Instagram solo publicas una foto la cual debe ser suficientes para llamar la atención.

Esto es bueno y malo, he visto fotos increíbles en Instagram lo cual es bueno, pero a veces esto puede tornarse hasta peligroso, ya que también he visto fotos donde la persona se pone en peligro solo para poder sacar esa foto original que no mucha gente se atrevería a tomar.

Al final, con la accesibilidad de cámaras digitales que hay y la popularidad de redes sociales que alimentan este interés en la fotografía, ningún lugar está a salvo de los Instagrammers.

Busca tu foto ideal, pero dale con mucho cuidado, es mi recomendación.

«Disfruten la fotografía, es la única manera que conozco de congelar el tiempo».


CARLOS J. CHAMORRO
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