Las compras en línea se han tomado las tarjetas de crédito de los panameños, reportando ventas por más de $300 millones en un año.

¿Comer en el restaurante o pedir a domicilio a través de una plataforma electrónica? ¿Conseguir lo que buscamos en un almacén de la localidad o comprarlo en una plataforma electrónica?

Nuestras decisiones diarias están cambiando estructuralmente el comercio, en general y los servicios logísticos de comercio, en particular.

A pesar de que las plataformas electrónicas de pedido de comida a domicilio tienen escasos cuatro años de existencia en Panamá, algunos restaurantes en nuestro país ya reportan ventas en exceso de 30% a través de dichas aplicaciones.

Sin entrar al debate si este 30% canibaliza las ventas existentes o si representa nuevos comensales, los restaurantes ahora se debaten si expandir la oferta significa ampliar las áreas de cocina y mesas o si con añadir espacio adicional en la cocina pueden suplir esta nueva forma de comer de los panameños, sin dejar en cuenta la atención de cobro con un número considerable de motorizados recogiendo pedidos.

Además, si uno se gana la vida atendiendo mesas, ¿será que le toca ir aprendiendo a manejar motos, por si acaso? ¿Tendrán los restaurantes que instalar procesos para agilizar el despacho de comida pedida en plataformas electrónicas sin dejar de lado el servicio al comensal (seguir sirviendo ambos “canales” por igual?

Y, aunque nos quejemos de la gran cantidad de motos circulando por las calles de nuestra ciudad, podrá ser que estas están reemplazando los viajes en carro que seguramente hubiesen ocurrido de haber preferido ir al restaurante, mitigando el congestionamiento vehicular.

En un viaje reciente a la isla de Santa Lucía, en El Caribe, nos enteramos que el sector marítimo del país se enfrenta a un desafío: el creciente comercio electrónico. Sucede que la norma aduanera local reglamenta claramente la importación por vía marítima, pero no así los productos importados por vía aérea.

Como resultado, muchas de las compras digitales ahora llegan al país en embarques consolidados por avión, mermando el negocio de todos los actores relacionados al sector marítimo.

Con similar impacto, conscientes que la gran mayoría de compras electrónicas de algunos países de la región se realizan a través de casillas postales localizadas en Florida, Amazon realizó un estudio del domicilio final de las tarjetas de crédito usadas para comprar en su plataforma en ese estado de Estados Unidos, como sustituto de la nacionalidad de los compradores.

El total que resultó de compras realizadas a través de tarjetas de crédito con domicilio en Panamá fue 300 millones de balboas en un año.

Quizá no suene impactante tomando en cuenta el nivel de consumo en nuestro país pero, si la cifra resulta correcta, estamos hablando de cerca de 1 millón de balboas cada día que, en lugar de circular en la economía nacional (pagar en un establecimiento comercial local que paga renta, servicios básicos, salarios e impuestos en Panamá), sale casi íntegro al extranjero.

¿Pueden las tiendas de comercio local adaptarse a estos nuevos hábitos y ofrecer alternativas en plataformas electrónicas a los consumidores panameños?

¿Está la legislación local actualizada de manera que se ofrezca un sistema de competencia justa a todos los jugadores en cualquier canal? ¿Será que parte de la desaceleración económica en Panamá está ligada a nuestros cambiantes hábitos de consumo?

La última reflexión es sobre el papel del “consumidor” vs. nosotros: sin soslayar el papel de las autoridades y gremios del país en trabajar proactivamente para mitigar los impactos (cambios potenciales en planificación urbana, ventas al detal, entrenamiento y capacitación de personal, adaptación de leyes), no perdamos vista que nuestra propia comodidad y economía son el principal motor de este nuevo entorno.

Por otro lado, hace unos años atrás era muy difícil dimensionar lo rápido que el consumidor panameño se acostumbraría a pedir comida en línea y comer en casa, pero las plataformas han hecho fácil el uso y ha mejorado el servicio al cliente.

La lección aquí es que, si la propuesta de valor (ventas de productos, entrega de comida) mejora la experiencia del consumidor, los negocios no deben temer experimentar con nuevas ofertas. Bien pueden abrir totales nuevos mercados.

«Nuestra propia comodidad y economía son el principal motor de este nuevo entorno»


JUAN CARLOS CROSTON
VICEPRESIDENTE DE MERCADEO Y ASUNTOS CORPORATIVOS EN MANZANILLO INTERNATIONAL TERMINAL – PANAMÁ (MIT-PANAMÁ).