La antigua ciudad militar, conocida como Villa Cisneros, ubicada en Sahara Occidental, se ha convertido en el centro de este fascinante deporte desde que los aficionados descubrieron que los vientos de las costas del desierto eran perfectos para practicarlo y experimentar nuevas maniobras. También es un sitio perfecto para relajarse en la arena.

El ejército marroquí empezó invitando a surfistas a Dajla en la década de 1980, cuando la línea de combate se desplazó al sur, para mostrar que la región era segura.

DESTINOS LIFESTYLE  | Dajla, capital del Kitesurfing

Si cuenta con un buen nivel de kite y quiere progresar rápidamente aprendiendo trucos, este lugar le garantiza el entorno más adecuado, pues podrá arriesgar lo que quiera al ser muy fácil relanzar la cometa o recuperar la tabla.

El clima desértico ofrece buena temperatura y vientos fiables prácticamente todo el año, con una fuerza constante de marzo a noviembre, en un paisaje natural espectacular y virgen, ideal para desconectarse del mundo.

En el corazón del disputado Sahara Occidental, la antigua ciudad militar de Dajla se ha convertido en la capital mundial del kitesurfing desde que los aficionados descubrieron que los vientos de las costas del desierto eran perfectos para su deporte.

Bandas de surfistas de kite de todo el mundo navegan diariamente por la laguna que flanquea Dajla, la antigua Villa Cisneros, situada en el Sahara Occidental administrado por Marruecos.

“Aquí no hay más que sol, viento y olas. Hemos convertido los elementos adversos en una ventaja: es el principal principio del kitesurfing”, dice Rachid Roussafi. Tras una carrera internacional en el surfeo y el kitesurfeo -también conocido como kiteboarding, o flysurfing-, Roussafi fundó el primer centro turístico en la laguna a principios de la década del 2000.

“Entonces, solo había un vuelo semanal a Dajla,” expresa este marroquí de 49 años. Ahora hay 25 a la semana, incluso vuelos directos a Europa. “Dajla se ha convertido en el destino mundial del kitesurfing”, indica Mohamed Cherif, un político regional.

El número de turistas ha pasado de 25,000 en 2010 a 100,000 en la actualidad, manifiesta, antes de agregar que esperan alcanzar los 200,000 visitantes anuales.

Esta antigua guarnición española en la costa atlántica, jalonada por edificios militares, ha crecido exponencialmente gracias al flujo de visitantes que se suma a los ingresos por la pesca y el comercio.

El kitesurfing, un deporte extremo en el que se necesita de una plancha, un arnés y un kite o cometa, atrae a visitantes pudientes de todas las nacionalidades.

Peyo Camillade viene de Francia a “prolongar el verano”. Una semana de vacaciones cuesta aproximadamente 1,500 euros (unos 1,660 dólares). 

Solo los nombres de algunas zonas, como PK 25 (kilómetro 25), fuertes en ruinas en dunas y los imponentes edificios militares que siguen en uso, recuerdan a los turistas el histórico conflicto en la región.

En la década de 1970, los marroquíes anexaron el 80% de la antigua colonia española, que se extiende por la costa atlántica hasta la frontera con Mauritania, y libraron una guerra con el Frente Polisario, apoyado por Argelia, desde 1975 a 1991, antes de alcanzar un acuerdo de alto el fuego. 

Una misión de paz de Naciones Unidas se estableció para verificar la tregua y crear las condiciones para celebrar un referéndum en el que los saharauis pudieran elegir entre independencia e integración en Marruecos. Sin embargo, hasta ahora no se ha realizado dicha consulta por la negativa de Marruecos.

Sin esperar el compromiso político que Naciones Unidas ha estado negociando durante décadas, los hoteles se han multiplicado a lo largo de la costa, y filas de luces en lotes vacíos anuncian futuras parcelas.

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El agua plana y el fondo bajo y visible convierten a la laguna en el spot ideal para hacer freestyle, trucos y saltos.

BUENA COMUNICACIÓN
“El secreto del éxito es desarrollar el kitesurfing con buena comunicación centrada en la organización de eventos no políticos”, dice Driss Senoussi, director del grupo hotelero Dakhla Attitude.

En este sentido, los logros de los campeones de kitesurfing como el brasileño Mikaili Sol y el caboverdiano Airton Cozzolino fueron ampliamente publicitados durante el Campeonato Mundial de Kiteboarding en Dajla.

No se trata de una nueva estrategia. El ejército marroquí empezó invitando a surfistas a Dajla en la década de 1980, cuando la línea de combate se desplazó al sur, para “mostrar que la región era segura”, expresa Jean Pierre, de 80 años, un antiguo miembro del club de surf de Rabat que participó en algunos eventos. Entre tanto, los habitantes de Dajla parecían ajenos al campeonato.

Solo unos cuantos jóvenes sin nada que hacer y un puñado de familias acudieron a la playa para ver la final.

Tampoco hay muchos turistas que se aventuran hasta la ciudad de más de 100,000 habitantes para ir de compras. Como sus amigos, Alexandra Paterek prefiere quedarse en el hotel, situado a unos 30 kilómetros del centro.

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La meta es atraer a unos 200,000 turistas este año.

“Este es el mejor lugar del mundo para aprender el kitesurfing”, señala esta azafata polaca de 31 años. Y para comer marisco. Como muchos turistas, tiene la impresión de que esta zona pertenece a Marruecos, como no cesa de repetirlo la industria del turismo: “Dajla, Marruecos”.

Esto solivianta al Frente Polisario, que trató en vano el pasado año de denunciar a la industria, ya que considera que son “cómplices del poder militar ocupante”.

El movimiento de independencia está centrado ahora en desafiar los acuerdos comerciales entre Marruecos y la Unión Europea que implican al Sahara Occidental, según el abogado francés del grupo Gilles Devers.

Las autoridades marroquíes buscan activamente inversores para el desarrollo de sus proyectos en la costa occidental, como el megapuerto Dajla Atlántico, con un presupuesto de 1,000 millones de dólares, para promover la pesca.