MIT Technology Review ha descubierto que, en 2018, el número de personas que se sometieron a un test de ADN de consumo equivale a la suma de las cifras de todos los años anteriores.

El creciente interés la ascendencia, la genealogía y la salud, impulsado por muchísima publicidad en televisión y online, ha provocado que en 2018 se haya batido el récord de ventas de este tipo de pruebas, que invitan a los usuarios a escupir en un tubo o hacerse un raspado bucal y enviar la muestra analizar sus genomas.

Según reseñó el propio portal, hasta principios de 2019, más de 26 millones de usuarios incorporaron su ADN a alguna de las cuatro de bases de datos comerciales principales de ascendencia y salud, según nuestras estimaciones. Si este ritmo se mantiene, dentro de 24 meses este tesoro genético podría incluir la composición genética de más de 100 millones de personas.

El frenesí por los test genéticos de consumo está creando dos superpotencias: Ancestry y 23andMe (ambos en EE.UU.). Estas compañías privadas ya disponen de las mayores colecciones del mundo de ADN humano.

Para los usuarios, las pruebas, que solo cuestan unos 50 euros, les ofrecen entretenimiento, claves sobre su ascendencia y la posibilidad de descubrir secretos familiares, como hermanos de los que no sabían nada.

Pero las implicaciones relacionadas con la privacidad van mucho más allá. Como estas bases de datos se han vuelto tan masivas, ya es posible rastrear las relaciones de parentesco entre casi todos los estadounidenses aunque no se hayan sometido a la prueba.

La declaración de privacidad de Ancestry advierte: “Es posible que descubra datos inesperados sobre usted o sobre su familia si utiliza nuestros servicios. Una vez hechos los descubrimientos, no podemos deshacerlos”.

¿Qué información ofrecen?

Cuando alguien envía su saliva o raspado bucal, las compañías extraen el ADN de sus células. Lo analizan en un chip que decodifica alrededor de 600.000 variaciones genéticas que suelen diferir de una persona a otra, denominadas polimorfismos de un solo nucleótido.

Imaginemos que cada uno de nuestros genes es de un sabor diferente entre una docena de los posibles sabores. La prueba determina si tenemos una versión muy común de ese gen, como el chocolate, o algo menos común, como el pistacho. 

Nuestra combinación específica de sabores genéticos revela tres cosas: de dónde provienen nuestros antepasados, la relación que tenemos con otros miembros de esa base de datos y si disponemos de ciertas características.

¿Cuánta gente se ha hecho uno?

Hemos calculado la cantidad de personas que se realizaron las pruebas a partir de las notas de prensa de las cuatro mayores compañías de genealogía, nuestros propios informes y datos de la Sociedad Internacional de Genealogía Genética (ISOGG) rastreados por el blog de genealogía de Leah Larkin.

Como las compañías solo publican la información sobre su número de usuarios de manera intermitente, decidimos seleccionar las publicaciones más cercanas al 1 de enero de cada año desde 2012.