¿En qué momento el hijo se enemistó con su madre? ¿cuándo la hija insultó al padre? ¿cuándo los hermanos dejaron de hablarse?

En las historias de las familias empresarias pueden presentarse momentos de gran alegría y satisfacción. Como puede ser la primera venta o exportación, o cuando con mucha ilusión, padre e hijo empiezan a trabajar juntos. ¿No es acaso que tanto esfuerzo y dedicación es para que la empresa la continúen los hijos? ¿No se incorpora el hijo para ayudar al padre y continuar su obra?

¿Por qué entonces se presentan situaciones, a veces angustiantes, donde se dan rompimientos en las relaciones familiares? ¿Por qué después que con tanto esfuerzo y dedicación se logra un negocio exitoso, éste se convierte en fuente de conflicto, enemistad y envidia entre la familia?

Las razones pueden ser muchas y muy variadas. Usualmente no es debido a un solo factor. La acumulación por años de malos entendidos, frustraciones, rencores y resentimientos pueden terminar por resquebrajar las relaciones familiares. Los vicios pueden empeorar con el paso del tiempo. Fallas en la comunicación y expectativas no satisfechas, se suman a la lista.

Los sentimientos pueden tener su origen en la falta de atención del padre y/o la madre a la hija o al hijo, quienes se pueden sentir poco importantes. Hay muchas historias de hijos que por más esfuerzo que hacen, nunca complacen a un padre duro y exigente.

Por edad, carácter, inteligencia y muchas otras razones, puede ser que un hijo o hija tuvo más atención. Puede ser que un hermano abusó sobre otro y eso se quedó guardado por años. Los choques de carácter suelen ser fuente de mucho problema: “Así me enseñó mi madre a ser, ¿y ahora me lo reclama?”.

Es frecuente ver que las familias se destruyan por las luchas de poder que se dan en la empresa, cuando un hermano busca prevalecer sobre otro. Usualmente, estos conflictos están mezclados con el afán de tener más dinero, asociado a sueldos, reparto de dividendos, uso de recursos de la empresa y un largo etcétera.

Los choques generacionales son frecuentes, en especial cuando las educaciones son distintas, las expectativas crecen: unos quieren tomar el control del negocio y otros no se dejan. Esto toma especial relevancia cuando las personas trabajan por más años, el padre a mayor edad convive con los hijos, que esperan una oportunidad de dirigir el negocio y que desean tenerla a edades más tempranas.

Un proceso de solución de conflictos, de inicio, debe atender los elementos emocionales. Tratar de “razonar” con un hermano resentido, es muy complicado. Hablar con la madre dolida porque se le ignoró o hizo a un lado sin más, consume mucha energía y se logra poco avance.

Hablar del pasado y de los sentimientos que cada uno trae dentro es algo que difícilmente una familia quiere hacer, pero que si no se abordan en un proceso adecuado, donde los temas emocionales se vayan hablando y resolviendo, hará complicado poder pensar en un mejor futuro para todos.

Las raíces de los problemas están presentes. Los comportamientos disfuncionales son evidentes. Las condiciones se van creando. Muchas personas lo ven… excepto los involucrados. Reconocer que hay problemas es muy complicado, pero con voluntad y decisión de la familia, siempre se puede revertir una situación. Es difícil, hay que hacer grandes sacrificios, pero si se lo propone la familia, pueden salir adelante, fortalecidos y unidos.


RICARDO APARICIO CASTILLO

Director del Centro de Investigación para Familias de Empresarios-BBVA Bancomer de IPADE Business School.

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