Aomori, tierra de festivales

DESTINOS  | Aomori, tierra de festivales

Es fácil perderse en el encanto de los cerezos. Sus flores, rosadas y blancas, son una provocación que la naturaleza ofrece en la primavera japonesa. Un espectáculo ilusionante que solo dura unos cuantos días en desaparecer

Muchas veces tuve la oportunidad de observar a  cientos de personas reunidas en el parque de Hirosaki mientras disfrutaban de una tarde de picnic con los amigos o familiares. Todos ellos sabían que no existía un mejor lugar para disfrutar del “Hanami” o “Festival de los cerezos” que este lugar. Comparto su punto de vista, pues las flores o sakura llegan a cubrir por completo los 2,600 árboles de cerezo que se encuentran plantados en los jardines del Castillo Hirosaki. Sin dudas es un festival único, emblemático y tradicional de Japón, capaz de convocar a un sin número de personas que buscan capturar en la memoria, una postal viva de la naturaleza misma.

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No es abril. Las flores se han ido, pero me imagino rodeado del impresionante color rosa y blanco de las flores, esas que logran teñir el césped cuando se desprenden de las ramas retorcidas. Me dispongo a conocer un poco más de la historia de Hirosaki, la segunda ciudad en la prefectura de Aomori y el sitio del clan Tsugaru durante el período del samurái Edo. 

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Es curioso, aunque estoy en los jardines del Castillo Hirosaki, no hay tal estructura. Resulta que fue edificado sobre una base de muralla de piedras en el año 1611, pero con el paso del tiempo esta empezó a ceder, es por eso que en 2015 se tomó la decisión de removerlo por completo y reubicarlo temporalmente en otro lugar, mientras se reconstruye la base. Cuantas horas de planificación e ingeniería debió costar esta hazaña.

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No por eso, significa que no existe más que ver. Aunque la primavera no puede hacer alarde de cada uno de sus árboles, que fueron contados y registrados, al igual que un censo catastral, se puede conocer mucho del hanami. Se dice que una vez comience el festival, unos cinco mil pétalos por minuto caen al suelo.

Hirosaki es más que cerezos, es el distrito de los samuráis y donde se concentran la mayor cantidad de edificios históricos, esos que datan de finales del siglo XIX y principios del XX.

El paisaje es fascinante. Vislumbro a lo lejos el Monte Iwaki, cuya última erupción se dio en el año 1863. Una imponente colina cubierta con una estela de magia que nos recuerda la furia de la naturaleza y lo impredecible que puede ser.

Dejo atrás Hirosaki y me dirijo a Aomori, conocida también como el bosque azul. Esta ciudad, cuya capital tiene el mismo nombre, se encuentra más al norte de la isla Honshu.

VIAJANDO AL NORTE

Aomori tiene mucho para mostrar. Si Hirosaki tiene el “Festival de los Cerezos”, esta prefectura cuenta con el “Festival Nebuta”, uno de los tres grandes festivales de la región de Tōhoku.

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Es agosto. Los tambores, flautas y platillos retumban en la avenida. Las luces dejan en evidencia esas carrozas construidas con papel y alambre convertidas en verdaderas obras de arte, inspiradas en figuras de temas históricos.

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Este evento, que data del siglo VIII, es apreciado por más de 2 millones de personas, entre locales y turistas.

No puedo irme de Aomori sin tener la experiencia de cruzar a la isla Hokkaido a través del Túnel Seikan, una vía ferroviaria cuya distancia es de 54 kilómetros. Lo sorprendente es que está a unos 240 metros bajo el nivel del mar. Antes la única forma de ir de un lado a otro era por medio del ferry Hakkoda-Maru, que actualmente es un museo memorial.

Me llevo nuevas experiencias, vivencias y recuerdos que atesoraré en mi alma. Japón me vio nacer y cada vez que regreso, me recibe con los brazos abiertos.


ESCALA 24

 

Aomori, Sol naciente

Japón es la tierra de los samuráis, las IMPONENTES pagodas y ESAS costumbres y tradiciones arraigadas en la sociedad actual. Sus ciudadanos, al día de hoy, disfrutan de sus emblemáticos festivales, del cotizado sake y van de un extremo a otro en sus obras de ingeniería moderna.

BEBIDA MILENARIA

  • La región de Tōhoku produce uno de los mejores sakes del mundo. Esta bebida se elabora a base de arroz fermentado y dependiendo del tiempo de destilación, se logra un producto con un contenido de alcohol diferente. Tōhoku cuenta con unas de las mejores marcas de sake del mundo.

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PUNTO DE ENLACE

  • Hace tres décadas el ferry Hakkoda-Maru, que iba del puerto Aomori hasta Hokkaido, terminó sus travesías marinas. Era el único medio para llegar de esta ciudad a la segunda isla más grande de Japón. Ahora existe el Túnel Seikan, una ruta ferroviaria diseñada para conectar ambos lugares. Actualmente el Hakkoda-Maru es un barco museo que narra sus años de gloria entre 1964 y 1988.

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TRADICIÓN

  • Varios son los lugares de Japón, como restaurantes, tabernas y bares que conservan la tradición de tener artistas que tocan el tsugaru shamisen, un instrumento musical tradicional de tres cuerdas que refleja el sonido más auténtico de la región.

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