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Martes, 07 de Febrero de 2012 14:46

Publicitado amor

Su carrera exitosa como creativa publicitaria en ocasiones ha sido inspirada por alguna anécdota vivida con una de sus mascotas. Actualmente es socia fundadora, Presidente y Gerente General de Insight Publicidad.

Ganadora de más de 60 premios nacionales e internacionales, Lucía Bonadies Mora se siente bendecida con la familia y amistades que tiene. Nos dice que sus mascotas también forman importante en su vida. “Ellos también me han dado amor, sin esperar nada a cambio, y me han hecho sentir el ser más importante del mundo. Son como príncipes o hadas madrinas encantadas, que tienen forma de animales; por eso los beso muchísimo cada día, para ver si ocurre como en los cuentos, que se convierten en seres humanos, pero todavía no pasa nada…”.

¿Tu amor hacia los animales, sumado a la observación aguda, creativa y sensible que tienes, lo has llevado a tus campañas? “Recuerdo que mi primer premio internacional de creatividad fue inspirado en mi perrito Tic Tac (q.e.p.d.), porque comió a diario, no pasaba frío por las noches  y María (la nana) lo acompañaba durante el día. Hay animales que viven mejor que muchos niños, pensé. Esta cuña, sobre la desnutrición, sirvió para apoyar a la Teletón y la patrocinó El Machetazo. Otra pieza, finalista en un festival, fue por mi perrito Swatch. Un día, mientras el veterinario lo revisaba, trataba de decirme algo, pero no pudo. Y ya que nunca podría hacerlo, escribí otro comercial: “No sólo los sordos, no sólo los ciegos. También los mudos necesitan de ti. Habla por ellos”. Fue para recaudar fondos para la Asociación Amigos de los Animales. El Canal 13 donó su transmisión”.

¿Cómo llegaron a tu vida? “Una mañana de diciembre de 1992 recibí la llamada de mi hermana Rossana: ¿Te gustaría tener un perro?, me preguntó. “Sí. Pero debe ser Chihuahua o más pequeño”, le dije. “Negro, de pelo corto y de cuerpo muy proporcionado. Que no tenga los ojos ni el cráneo sobresalidos, ni las orejas en la nuca”, le insistí, quería tener mi príncipe”.

¿Y cuándo llegó, qué pasó? “Cualquiera diría que yo no conocía para nada a los Chihuahuas, pero lo cierto es que este príncipe sí que existía. Al verlo por primera vez, creí que era un Micro Pinscher. Cabía en la palma de mi mano. Era simplemente bello y de carácter muy dulce. Tenía tan sólo un mes de nacido y temblaba mucho. Entonces, para asegurarme de que nunca estuviera solo en casa, tuve que pedirle a María que trabajara para mí a tiempo completo, en lugar de los sábados”.

¿Y por qué su nombre? “Lo bauticé con el nombre de Tic Tac, pues hablando en buen panameño, los Chihuahuas son “puro tiempo” de perro, quizás porque creen que son grandes y que son varios animales en uno: saltan como un sapo, rugen como un león, parecen vampiros, se aferran a tu hombro como un loro, lucen como un ratón, no les gusta bañarse como el gato y corren como una gacela”.

De cachorro a ilustre caballero

La vida con Tic Tac fue grata y maravillosa desde el principio. Algunas veces se lo llevaba a sus reuniones en el bolsillo y pasaba allí, dormidito y sin ser percibido, hasta que unos siete meses después, “Noté que caminaba en “zigzag” y que enterraba las narices en la hierba, como si fuera un drogadicto. Algo lo puso a volar”, nos expresó y nos narró la historia de esta singular transformación.

“Frente a la ventana y a la luz de la luna, Tic Tac hablaba sin parar largo rato, en una especie de lengua árabe antigua, como declamando un poema profundo y nostálgico, o algo así. No me dejaba dormir. Luego de escucharlo tan sentimental durante un par de noches, me di cuenta de que estaba profundamente enamorado. Pregunté entre los vecinos y, efectivamente, se trataba de una dama. Fue amor a primera vista. Tenía su mismo tamaño y era negrita, como él. Se portó con ella como un príncipe, la invitó a jugar, le coqueteó, le hizo caritas y todo tipo de maromas para atraer su atención, la limpiaba toda, la besaba constantemente y hasta se acurrucó con ella después del amor… Como era de esperarse, dos meses después, nació un nuevo príncipe, igual de hermoso (pero atravesado): Swatch”.

¿Crees que  los perros de raza son para algunos un objeto más de lujo, en nuestra sociedad? “Como dicen por ahí: “En el huerto del Señor, de todo hay”. En mi experiencia personal he visto mucho cariño y devoción hacia los perros. Todos los días me encuentro con personas que pasean a sus perros personalmente y de manera consistente. Muchos de ellos, animales de raza, que reflejan el gran cuidado y amor de sus dueños. Y hemos desarrollado una especie de confraternidad, pues con sólo darnos los buenos días, percibo que todos sentimos lo mismo por nuestros animales. El sólo hecho de vernos a diario, religiosamente, muy temprano cada mañana, y hasta cuatro veces al día, toda la semana, te dice que hay un compromiso con estos seres de luz que Dios nos dio. Lo mismo percibo en la clínica veterinaria cuando veo personas que llegan con rostros compungidos de preocupación y de dolor cuando sus mascotas no se sienten bien o porque han encontrado algún animalito lastimado en la calle y han pagado por su atención sin ser sus dueños.

Antes de despedirnos, Lucía quiso dejarnos con esta reflexión: “Los animales merecen nuestra consideración y respeto. No nacieron con el don de la palabra, pero tienen un corazón inmenso, “Son amigos de verdad para toda la vida”.

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