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Jueves, 07 de Noviembre de 2013 15:01

Portada del Mes - Brooke Alfaro

Viaje al alma de Brooke Alfaro

 

Con su arte ha trascendido las fronteras utilizando técnicas innovadoras y dándole un matiz propio a cada obra, no obstante encasillarlo dentro de la palabra “artista”, es quedarse corto. Brooke Alfaro es mucho más.

 

Desde niño sintió ese gusanillo por la pintura, pero como él explica, en esa época no era una opción válida dedicarse a eso, viniendo de una familia bastante tradicional y conservadora se hacía necesario estudiar una carrera que le proveyera seguridad económica. Por ende, al graduarse de la escuela decidió estudiar la carrera de Derecho, pero en el tercer año sufrió un accidente de motocicleta y estando en el hospital, se hizo un autoexamen de conciencia que transformaría por completo su camino profesional.

 

“Fue la primera vez en mi vida adulta que tuve un momento para pensar en mí, en mi futuro, hacia dónde iba y me di cuenta que no estaba donde quería estar. Empecé a leer sobre arquitectura y encontré que a través de ella podría expresarme creativamente, y eso me atrajo. Entonces entré a la escuela de arquitectura y por primera vez comencé a sacar buenas notas, después de todo estaba haciendo algo que me gustaba”.

Entre grandes lienzos por terminar, cargados de color y emoción con rostros que miran al espectador fijamente, el pintor, escultor, videoartista y activista pro conservación del medioambiente Brooke Alfaro, le contó a Mundo Social su larga trayectoria. Considerado uno de los grandes de Panamá, su actitud humilde y tranquila dista mucho de la fama y el respeto que precede a su trabajo.

“Al graduarme, trabajé tres años en esa rama, y es cuando me invade un viejo deseo de hacer una exposición de pintura. Pinté tres cuadros, los llevé a la galería Panarte, gustaron, me dieron fecha y con ese impulso me dedique un año a pintar. En 1979 fue la muestra y me dejó con una inmensa satisfacción y una realización que no merecía estar allí, pues reconocía que mi pintura carecía de mucho. Con el objetivo de mejorar mi técnica, viajé a Nueva York a estudiar en The Art Students League”, rememoró sonriendo tímidamente.

 

A mi manera

Regresó a Panamá y se convirtió en el artista que es hoy. Ha recibido decenas de premios y ha exhibido en bienales, festivales, galerías y museos de todo el mundo, desde América y Europa hasta Asia. Se ha atrevido a experimentar con óleo, pastel, dibujo, grabado, serigrafía, escultura y video, plasmando su voz en cada una de estas manifestaciones, siendo su gran pasión la pintura, cuya técnica clasifica como “realismo mágico”, surrealismo en el contexto latinoamericano. Decantándose desde sus inicios por los rostros, la figura humana y el paisaje.

Mundo Social conversó con él sobre su obra, teniendo como marco su enorme estudio, a donde sus mascotas lo acompañan a diario. Una perra labrador de nueve años llamada Annie y dos gatos, que corren, juegan y duermen donde desean. Eso sí, sin molestar al maestro en su momento de creación, que pueden ser hasta ocho horas de continuo trabajo. Una gran colección de crayones de pasteles en una infinita gama de colores, pinceles de todos los tamaños y grosores, libros, computadora y otros elementos completan el cuadro. En la terraza, una planta de sandía, y la cercanía de frondosos árboles recuerdan que es un hombre que ama y respeta la naturaleza.

Habiendo experimentado con una amplia variedad de técnicas, ¿piensa que el arte tiene fecha de caducidad?

“No. Es un proceso en espiral, donde siempre se inventan expresiones nuevas y lo viejo vuelve, pero reinventado claro. En pintura, hace 30 años, no estabas en nada si no pintabas abstracto, ahora el figurativo reina. Hoy día los mimados de los curadores son el arte conceptual, performance y la instalación, pero eso cambiará. Lo cierto es que el arte nunca caducará porque es una expresión que instiga a la creatividad y que enriquece el espíritu.”

¿Existe una obra perfecta?

“De mi parte no, observando obras de otros artistas sí veo la perfección. Para mí está muy lejana, son muy pocas las obras mías que me gustan. Soy muy crítico con mi trabajo y aunque creo que puedo llegar a tener la perfecta, todavía no la he realizado”.

¿En qué proyecto está trabajando?

“Ahora mismo no tengo una exhibición programada, pero sí trabajo en una colección de caras grandes en pastel sobre tela que me gustaría exponer el próximo año”.

Hombre de retos

No pretende adoctrinar con su arte, sin embargo desde otras aristas muestra su férreo compromiso con el bienestar social. “Desde muy temprano he estado involucrado con la conservación del medioambiente, ya que percibo su fragilidad y veo la necesidad de protegerlo. Me inquieta pensar que la naturaleza sigue sufriendo a consecuencia de intereses particulares que no responden al colectivo. Por eso colaboro activamente con el Centro de Incidencia Ambiental de Panamá, una organización de corte legal que vela por que se cumplan las leyes existentes en materia ambiental, que hace incidencia, litigio, educación y activismo (propone nuevas leyes en las áreas donde hay carencias y que educa a la población)”.

 

Además de este tema, le preocupa el proceso educativo. Es miembro fundador de The Metropolitan School of Panamá. “Es una escuela donde se valora a cada niño y se busca que esté felíz, inspirado y motivado por aprender con un innovador curriculum holístico que integra la experiencia académica con la artística, tecnológica, social y física”.

 

Sus otras pasiones
Para Brooke Alfaro, las 24 horas del día no son suficientes. Además de la pintura, le encanta pasar tiempo con sus hijos Maia y Paulo, con quienes comparte su afición por la música y los deportes. Es un ávido tenista y remador, compite anualmente en las carreras de cayuco. Otro de sus hobbies es la jardinería.

¿Qué legado le gustaría dejarles a sus hijos?

“Les he inculcado el sentido de responsabilidad y honestidad, de pensar en los menos afortunados y que dediquen parte de su tiempo a ayudar a esta sociedad dispareja que tiene tantas necesidades”.

¿Qué significa para usted el éxito?

“Es haberte propuesto una meta, incursionar y dar lo mejor de ti para alcanzarla. No siempre es lo que la sociedad define como éxito, si yo como persona siento satisfacción con lo que estoy haciendo, eso para mí es éxito. Hay un proverbio interesante de Confucius que dice: Si encuentras el trabajo que te gusta, no trabajarás más en tu vida. Me siento agradecido de poder levantarme todos los días y dedicarme a lo que más disfruto”.

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