LA PINTORA COLOMBO-PANAMEÑA, DE 75 AÑOS, CONFIESA HABER TE- NIDO DOS GRANDES MAESTROS: LA NATURALEZA Y SU PADRE, ADEMÁS DE MUCHOS AMORES, ENTRE LOS QUE DESTACA STEPHAN PROAÑO, ESPOSO Y COMPAÑERO DE ANDANZAS PERSONALES Y PICTÓRICAS.

Su padre le enseñó a ser libre, y la naturaleza le mostró la delicada singularidad de todo lo demás. Comenta: “Pasaba tanto tiempo en el campo que otra parte del planeta no me interesaba”. “Más adelante tuve que aprender a pintarla”.

Y fue así como se enamoró de Panamá. Menciona que antes de su llegada al Istmo solo conocía el color teóricamente, pero no lo había experimentado. Es por ello por lo que se adentra en nuestras selvas tropicales para observar la riqueza y los matices de sus tonalidades.

Considera que el artista siempre vuelve a la vivencia. En su caso, a donde vuelve es a aquellos años juveniles en el campo, a la pérdida temprana de sus progenitores y de ahí, al conocimiento y a la reconciliación consigo misma. En 1964, va a Nueva York, donde entra en contacto con La Piedad de Miguel Ángel.

Nos comenta la fascinación que sintió al pensar que había sido modelada por manos humanas… Después de eso no quedaba alternativa. Hizo sus maletas y se fue a estudiar Bellas Artes a Bogotá, donde fue alumna de Juan Antonio Roda, Luis Caballero, Olga de Amaral, entre otros grandes maestros que dejaron una impronta en su memoria y en su obra. Entre sus formas recurrentes podemos mencionar sus representaciones de insectos.

Estas figuras tienen su origen en un proyecto universitario en el que debía buscar un modelo para recrear. Le habían regalado una caja de escarabajos, y los empieza a observar bajo una óptica muy concreta, como objetos susceptibles de ser dibujados con toda su geometría y perfección. Estima que ahí comienza su búsqueda interior. Estos pequeños animalitos fueron un magnifico pretexto para esa transformación.

Eran sus historias más recónditas contadas a través del insecto que, paradójicamente, evolucionaba hacia la mujer. De alguna manera se convirtieron en auténticos autorretratos internos que dieron paso al surgimiento de Alicia Viteri. A partir de este punto, comienza su exploración con el color, y con ello su vida y trayectoria artística tal y como la conocemos hasta hoy. Uno de sus grandes proyectos es el mural “Espacios pictóricos”.

Lo donó a Pasto, como homenaje a la tierra que la vio nacer. Confiesa que es una cronista de su tiempo retratando lo que le ha tocado vivir. Sin embargo, tras su exposición “Transformaciones” se ha despedido de la figura humana.

Su obra está en un proceso de cambio, incorporando nuevas miradas, como las que dirige hacia una pandemia que ha sacudido la forma de ver el mundo de nuestra cronista. Otros amores en su vida son Francisco de Goya, especialmente sus Caprichos, y Rembrandt, sobre cuyos autorretratos confiesa que eran su destino.

Estos pequeños retratos del pintor holandés la conectan emocionalmente con su padre, al que perdió a los 14 años. Aquel primer maestro de su infancia le enseñó a ver las estrellas, a cantar a la luz de la luna y a ser libre. Comenta: “De pronto otro señor en este planeta me enseña esas emociones tan intensas.

Tanto el señor Rembrandt como Goya sacaron momentos profundos de mi existencia. Es un hilo conductor que no sé cómo aparece. Pero es como un cordón umbilical”. Tampoco olvida como influencias a sus amores musicales, como lo son Pink Floyd, las sonatas de Beethoven, o literarios, como los cuentos de Kurosawa, Tim Burton, García Márquez, Benedetti… Considera que Tim Burton inspiró de alguna manera sus famosos “Terrícolas”, por lo que se encuentra representado entre ellos. Se trata de 78 ensamblajes escultóricos realizados durante el año 2013 y expuestos en el Museo de Arte Contemporáneo de Panamá.

Realizados a base de materiales de desechos y planteados como una instalación cuya intención era retratar a una sociedad poniéndola en una pasarela, todos están ricamente ataviados y tienen una doble cara, de tal manera que el público, en su recorrido, pueda asomarse a ambas. Ingeniosos retratos de una sociedad decadente en la que está presente la doble vida.

No hay juicio de valor sobre ellos, solo los muestra, ya que, como bien dice Alicia, todos somos terrícolas, todos somos varias vidas…No hay tiempo para perder, solo hay que seguir aprendiendo. La vida es mágica.

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